Muchas veces, el liderazgo de una persona se ve enmascarado por los acontecimientos. Aquel líder designado puede no estar a la altura de la circunstancia, no porque no tenga la voluntad o las capacidades, sino porque las condiciones han cambiado. Entonces surge el líder natural para tomar la posta, aún sin reconocimiento y sin que nadie se lo diga. Simplemente porque alguien debía hacerlo y él siente que tiene que ser ese alguien.

Un caso muy dramático que grafica esto es el de los jóvenes uruguayos, pertenecientes a un equipo de rugby, que en 1972 cayeron en un accidente de aviación en medio de los Andes y terminaron sobreviviendo dos meses y medio en las condiciones más inclementes. Marcelo Pérez, el capitán del equipo, fue el primer líder en comenzar a ponerse de pie luego del percance. En parte, porque se sentía responsable de sus compañeros y, por otro lado, por haber sido quien instrumentó el viaje. Organizó a los ilesos para poder rescatar al resto de pasajeros supervivientes, despejando el fuselaje con el fin de pasar la noche. Racionó la escasa provisión de bebida y alimento que tenía el grupo. También puso a trabajar al equipo de manera ordenada en la elaboración de ingeniosos utensilios que permitieron su sostenimiento en la montaña. Sin embargo, cuando a los 10 días se enteran de que dejaron de buscarlos, el capitán se desploma. Lamentablemente, menos de una semana después, se produjo un alud que sepultó los restos del avión y ocho personas más murieron asfixiadas bajo la nieve, entre ellas Marcelo Pérez.

Roy Harley logró cavar para recuperar a los que quedaron bajo la nieve. Uno de los que fueron salvados fue Roberto Canessa, quien estaba iniciando sus estudios de medicina, y que inició la labor de curación de los que habían sido librados de estos desastres. Él fue uno de los primeros en pasar de la pasividad de esperar que llegaran las operaciones de rescate, a intentar salir por ellos mismos. Y fue quien tomó la difícil y macabra, pero necesaria, iniciativa de sacar los cuerpos de los fallecidos del fuselaje y que sirvieran de alimento para poder sustentar sus débiles humanidades. Participó en las distintas excursiones que buscaban esa puerta de escape de la inhóspita cordillera. Y fue quien llegó a los Maitenes, en Chile, para al fin encontrar ese tan ansiado salvamento, junto con Fernando Parrado.

“Nando” Parrado merece un análisis aparte. Luego de que el avión se estrella, Parrado es dado por muerto durante tres días, pero se repone y logra sostener los últimos momentos de su hermana, quien lo acompañaba en el vuelo junto con su madre, que muere al instante. A pesar de esos dolores y de que en algún momento pensó que no daba más, se levanta y lidera las expediciones en busca de una salida a ese infierno nevado. Y cuando la última de ellas, acompañado por Canessa y Antonio Vizintín (quien sufre una lesión y debe volver a los restos del avión), parece no tener buen futuro, pues sólo pueden ver montañas a su alrededor y sienten su empresa culminar en derrota, es quien toma la decisión y se la dice a Roberto: o se quedaban ahí y morían, o seguían y morían luchando.

Nuestras montañas pueden ser muy variadas, según lo que a cada grupo, empresa o comunidad le toca. Pero el líder natural, que es muchas veces quien menos se espera, el que se “da por muerto”, termina conduciendo a todos hacia la solución, hacia la salvación. Nosotros podemos ser ese líder, si asumimos que si no lo hacemos tal vez nadie tenga la entereza para hacerlo. Lo único que se necesita es tomar esa decisión: por difícil que se vea el camino, la opción es detenerse o morir en la lucha. Es decir, no hay peor pelea que la que no se enfrenta. Es solo una cuestión de actitud.

La “Sociedad de la Nieve”, como se llamaron, funcionaron como el equipo de amigos que eran, y eso fue un elemento importantísimo para salir de ahí. Pero necesitaban quién los conduzca. Y Canessa y Parrado fueron esos líderes naturales que supieron echarse el equipo al hombro cuando todo parecía perdido, simplemente porque podían. Aunque no lo tomaran así, como se puede entender en estas palabras de Nando, “¿quién quiere ser líder de unos condenados a muerte?”.

El líder natural da el primer paso aun cuando sienta que no puede más.

En los campos de concentración, los nazis crearon orquestas a manera de entretenimiento. Lo que no sabían es que lo que ellos habían concebido como una forma de humillación y sometimiento para los prisioneros, se convertiría en una salida al dolor y la muerte que estos respiraban día a día. La SS señaló a músicos en los campos para que organizaran grupos de personas que pudieran tocar mientras ellos estaban en el comedor o recibían visitas oficiales, como una especie de cortesanos medievales. Sin embargo, estas personas habían encontrado un impulso de libertad en este oficio, brindando alegría no solo a ellos mismos, sino al resto de confinados.

En Lizarz entendemos que el hombre busca la belleza incluso en los momentos más difíciles, no únicamente como una distracción a su sufrimiento, sino como un impulso para salir de él. Nace en el corazón del hombre y lo lleva a las estrellas. Y la búsqueda de lo bello es una empresa que se realiza en comunidad. No se puede crear algo, por precioso que sea, para guardarlo en un cajón o esconderlo bajo la cama, porque pierde el sentido. Se crea con el fin de mostrarlo, compartirlo, e incluso generar un cambio.

Música y libertad en los campos de concentración.

Viktor Frankl, quien estuvo en los campos de concentración y perdió a varios familiares y amigos ahí, decía que no había encontrado gente más libre que muchos de sus compañeros de campo. En esta aparente contradicción reside la esencia del ser humano: la libertad se encuentra en el interior más que en el exterior, porque no depende de las circunstancias sino de nuestra disposición hacia nuestros sueños. Y la belleza es un vehículo que nos lleva hacia ellos. La belleza como respuesta a la adversidad.

Cuando los obstáculos que encontramos en nuestras empresas nos tiran abajo, lo bello nos tiende la mano para levantarnos. Porque es una representación del orden, el equilibrio, la fuerza humana. Nuestras vidas, aún sin notarlo, están rodeadas de belleza: el canto de los pájaros, las noches estrelladas, las puestas de sol; la música con la que nos despertamos, la película que vemos para descansar, la novela que leemos para entretenernos. Y también está presente en nuestros peores momentos: las canciones que nos ayudan a evadir la depresión, el arte que nos anima a salir adelante. Como la flor que nace en el cemento, la belleza se abre paso en las pruebas que enfrentamos.

El viejo adagio de “la comida entra por los ojos” tiene que ver con esto: a nadie le provoca comer algo que se ve desagradable. Por eso, en Lizarz buscamos que lo hermoso y proporcionado sea la muestra de un contenido profundo, valioso y humano. Pretendemos que lo que agrade a los sentidos sea la puerta que nos conduce a un material que nos apoye en nuestro crecimiento, y contagiar esa ansia de lo bello, lo bueno, lo verdadero como camino hasta nuestros ideales más grandes y más universales.

La belleza como respuesta a la adversidad, como trampolín hacia el infinito.

 

Plan de victoria

 

Entonces en este cruento enfrentamiento bélico-emocional-mental contra el estrés, nuestro plan de victoria será el siguiente, después de haber estudiado muy bien al enemigo -sus capacidades, sus tácticas y sus movimientos previos- y después de haber determinado si los pensamientos que tengo de alerta ante la situación externa empiezan a convertirse en miedos infundados; podremos desplegar nuestra estrategia de defensa y contra ataque planteada en estas acciones:

 

– Determinar el campo de batalla a mi favor. Sun Tzu nos enseña a escoger el mejor lugar en el campo de batalla se dé la misma o no, esto nos ayudará a tener una ventaja de entrada. Entonces vamos a enfrentar a los estímulos externos desde una posición adelantada y de ventaja. Escribir en un diario de notas cuáles pueden ser todos los factores que me causen estrés, describirlos a profundidad y visualizarnos frente a esas problemáticas pero desde una posición de poder y plantear ¿qué debería tener yo, o dónde debería estar para superar esta problemática fácilmente? Una vez  que encontremos estas herramientas pasamos a la siguiente fase.

 

– Entender bien que la herramienta propagandística de guerra del estrés es la preocupación. Por ejemplo: «preocupación porque me van a asignar más trabajo en la oficina y ya estoy demasiado explotado». Y aquí es cuando entra el miedo: «y no puedo dejar esto porque ¿cómo voy a mantener a mi familia? ¿cómo van a vivir mis hijos?» La herramienta propagandística hizo efecto y causó mucho miedo. Sí, es una realidad que la persona de este ejemplo no puede simplemente abandonar su trabajo y que es terrible estar en una situación de explotación. Pero la clave es enfrentar esa preocupación desde la solución misma a lo que causa esa preocupación, enfrentar proponiendo soluciones para terminar con la explotación y que le reconozcan sus horas reglamentarias o, bancarse por un tiempo más el trabajo pero con el objetivo en mente de ahorrar al máximo posible para pronto poder renunciar, o poner todos los medios posibles para buscar y encontrar nuevas posibilidades mientras se la aguanta  en su posición laboral actual con esperanza en que va a estar mejor. Y acá pasamos a la tercera acción.

 

– No sobrevalorar ni subestimar al enemigo, pero principalmente no sobrevalorarlo para poder encontrar más fácilmente esas debilidades y  contra atacarlas. ¿Cuál es la debilidad de los miedos infundados? Precisamente que no son realidades concretas y son suposiciones en la mayoría de los casos. Entonces al no existir podemos atacarla desde ahí desde el imaginario. Tony Robbins nos enseña en su táctica de los 90 segundos para eliminar el estrés y la ansiedad a «cerrar los ojos por 90 segundos y visualizar este miedo concreto como una ola o niebla que está pasando frente a nosotros», no que viene hacia nosotros, sino como ver pasar la corriente de un río. Mientras está pasando es cuando me doy cuenta de que ese problema, ese miedo no estaba en mí, estaba afuera. Respiramos profundamente durante los 90 segundos y mientras esa niebla o bruma se va, vemos todo lo que conllevaba ese problema que se aleja metido en esa niebla o ahogado en esa ola. Hasta que desaparece, el cielo brilla y el sol cálido nos abraza en medio del paisaje que más nos guste. Esto del sol y del paisaje es una licencia que me he tomado con el ejercicio de Tony, pero que me ha funcionado de maravilla.

 

– Resiliencia y fortaleza. Finalmente cuando el enemigo está prácticamente derrotado sabemos que hay las siguientes opciones: fue totalmente aniquilado y nunca volverá; o lo vencí pero se fue en retirada y tal vez algún día volverá y para eso me prepararé; o lo capturé, está dominado y no lo soltaré nunca más porque si se escapa puede volverse contra mí; esto principalmente  se da en el caso de lidiar con miedos que nacen de problemáticas internas que hay que trabajar más a profundidad en terapia o espiritualmente, pero que en lo cotidiano son miedos que sabemos que no son reales y que más bien parten de fobias o perspectivas de la realidad muy personales.

 

Si aplicamos esta estrategia o buscamos otras herramientas en el vasto  océano de posibilidades de desarrollo personal que existen, podremos cuidar a quienes tanto amamos desde el bienestar y la estabilidad personal. Si uno se fortalece puede sostener a los demás, si estamos débiles no vamos a tener la fuerza de sostener a nadie y los problemas van a terminar por aplastar el hermoso milagro de la convivencia en familia. Porque se puede convivir amándose en base a la comprensión, al respeto mutuo, a la generosidad que es abandonar mis deseos en pro de compartir el deseo de los que amo y balancear todo en armonía. Pero como todo en la vida, esto también es una lucha, una batalla:

 

«La batalla por los que amamos».

 

Felipe Lizarzaburu

Director de comunicación y operaciones plataforma Lizarz

«Somos responsables y artífices de casi la totalidad de lo que nos sucede y no nos sucede. Pero más que nada de cómo reaccionamos a todo aquello».