Cuando pensamos en superhéroes, pensamos en superpoderes. Esas cualidades que los hace únicos y capaces de vencer a sus archienemigos, defendiendo el honor, la justicia y el bien. Superman, habiendo venido de otro planeta, es prácticamente indestructible, poseedor de supervista y capacidad de volar. Spiderman tiene las habilidades de una araña, trepa paredes, lanza telarañas. Y Batman… ¿cuál es el superpoder de Batman? Es verdad que, como todos los personajes de cómic, Batman ha tenido varias versiones a lo largo de las épocas; sin embargo, existen algunas líneas básicas que le dan coherencia a su historia a través de los años, y de eso hablaremos.

Batman, el superhéroe que todos podemos ser

Muchas veces se ha dicho que lo que hace único a Batman son sus artilugios, sus armas: el batimovil, la baticomputadora, el baticinturón. Pero eso no es nada más que tecnología, que cualquiera de los villanos pudiera obtener (y de hecho, muchos la tienen). ¿Será, acaso su dinero? Siendo un multimillonario, le resulta cómodo poder producir todos esos aparatos e incluso tener el escondite perfecto para protegerse. Pero si fuera así, cualquier persona con dinero sería un superhéroe. Otros podrían decir que el universo de Batman suele ser menos exigente (más realista) que el del resto de héroes del cómic, y no necesita en realidad superpoderes pues sus enemigos tampoco los poseen. Y todos tienen razón en parte.

Bajo mi punto de vista, el superpoder de Batman es su mente. No únicamente considerada de forma simplista, como una persona de vasta inteligencia que le permite inventar artefactos que le ayudan en su lucha contra el crimen, sino también capacidades de deducción que se acercan a las del más ambicioso Sherlock Holmes. Dos cualidades que lo ayudan a ir un paso delante de sus enemigos. No solo eso: Batman es un resiliente. Por eso siempre será mi superhéroe favorito, desde pequeño.

Habiendo perdido a sus padres en un trágico asalto a mano armada cuando era niño, no se deja hundir por esta realidad de orfandad. No. Se reinventa. Recicla las emociones tristes y terroríficas de su estrés postraumático para crear al “vengador de la noche”, ese personaje oscuro que utiliza el miedo como su principal arma. Sí, tiene tecnología, pero no depende de ella. Sí, tiene inteligencia, pero la utiliza para enfrentar sus propias debilidades y convertirlas en fortalezas. Se entrena, se forma, se educa. Es un resiliente: no solo se adapta a lo que le tocó vivir, sino que saca algo nuevo de todo ese dolor. El árbol caído solo se adapta, el junco se vuelve a poner de pie y eso es resiliencia.

Batman es el verdadero héroe moderno, según el arquetipo homérico, arturiano o quijotesco; es decir, esos modelos culturales tomados de la Ilíada, las historias de los Caballeros de la Mesa Redonda o la obra fundamental de Cervantes. Aquel héroe que toma sus dificultades y las convierte en fortalezas. Recordemos, El superpoder de Batman es que es un resiliente. Batman podemos ser tú o yo, y eso es lo que le da mayor valor. No le dieron un poder de otro mundo ni tuvo un contacto con radiaciones especiales. Simplemente tomó un hecho traumático de su vida para transformarlo en un sentido trascendente: combatir el crimen. ¿No podemos hacer eso tú y yo con los crímenes cotidianos, comenzando por los nuestros? Quizás por eso mismo Batman tiene ese atractivo especial, aún después de ochenta años.

Saquemos al Batman que vive en nosotros, reinventemos nuestro sufrimiento para darle un sentido.

Una de las preguntas que nos trajo la pandemia es cómo manejar nuestro tiempo en el encierro. El desafío es mantener la mente sana frente el forzado cambio de rutina. ¿Cómo hacerlo si no podemos salir? ¿Cómo hacerlo si muchos de nosotros hemos perdido el contacto físico con familiares y amigos y con ello las conversaciones de apoyo? No solo que es posible hacerlo, sino que en nuestra mente (o quizá en nuestros pies) está una solución.

Recuerdo que hace unos meses cuando preguntaba a mis alumnos cómo les estaba yendo con la pandemia, hubo varios que me contaban que extrañaban hacer ejercicio porque era algo que les mantenía bien.

Estos últimos meses de pandemia he tenido que volver a tener conversaciones con mi yo interior para descubrir qué es esto del bienestar y en qué consiste. Me he preguntado muchas veces ¿Qué hacer para mantener la mente sana?

Me sirve bastante volver en el tiempo a esos momentos en que he logrado de una u otra forma equilibrar mi vida. Recuerdo cuando era estudiante en Minneapolis, ciudad donde el clima es inclemente en el invierno. Los que estaban a mi alrededor, tanto profesores, como compañeros locales, reiteraban que era importante que nos preocupemos por mantenernos bien física, mental y espiritualmente, porque el invierno puede causar estados de depresión.

Mi profesora de mediación repetía que la mente se relaja cuando uno camina y que caminar ayuda a encontrar la solución creativa para los problemas. También ayuda a mantener la mente sana. Ese año tuve la oportunidad de verificar los efectos positivos de caminar porque me veía forzado a caminar todos los días media hora a la universidad y media hora de regreso a casa. Ese tiempo de caminata no sólo me servía para armar en mi mente la estructura de mis tareas, sino que también lo utilizaba para la oración y para encontrar opciones y soluciones para varias situaciones familiares. Frecuentemente también me acompañaban en el camino las llamadas de mis amigos y familiares de Ecuador.

Desde que regresé a Ecuador y ahora que estamos en tiempos de pandemia, una de las cosas que más extraño son esos momentos de caminata, esos espacios de silencio en que me encuentro con mis fantasmas y mis superhéroes para fortalecerme en mis reflexiones, en mi oración y en mis amigos para cada una de mis luchas.

Caminar ayuda a que ese espacio en que te diriges a la universidad o el trabajo te reencuentres con tu mentalidad de estudio o trabajo y sanes lo que necesitas para entrar en ese espacio siendo tu mejor versión de estudiante o profesional. Asimismo, es una maravillosa práctica que en el camino de regreso a casa los pasos que das sirvan para dejar atrás tu versión de estudiante o profesional y regresar al hogar con tu mejor versión de padre, hijo, esposo, etc… No quiere decir que al dejar nuestra casa, lugar de trabajo o estudios, dejemos de ser profesionales, estudiantes, padres de familia, hijos o esposos, pero sí que a cada rol le demos la importancia que tiene en el momento que lo estamos ocupando. Lo mismo pasa en los espacios de amistad, de juego, de entretenimiento, de deporte, de atención a la salud, entre otros.

Este ejercicio mental también sirve para identificar lo que tenemos que sanar antes de participar en determinada actividad. Por eso no es recomendable que, si no podemos caminar, nuestro camino a la oficina o universidad a bordo de un vehículo se convierta en una lucha con otros conductores y que en general en cualquier tipo de transporte nuestras preocupaciones nos invadan a tal nivel que no tengamos ese espacio para separar nuestras actividades, respirar entre ellas y preocuparnos de ese sistema que habita en nuestro interior.

TIP PARA MANTENER LA MENTE SANA

Los expertos recomiendan que, en tiempos de pandemia, al vernos confinados en nuestros hogares, definamos los espacios que ocupamos dentro de ellos para trabajar, hacer deporte, estar con la familia, entre otros. Pese a que tenemos más tiempo para trabajar, debemos detenernos entre espacio y espacio para preparar nuestra mente para la actividad que realizaremos a continuación. Es recomendable que distingamos los momentos de estudio de los momentos de trabajo, los momentos en familia y los momentos para hacer ejercicio, y que entre momento y momento nos preparemos mentalmente para poder entregar lo mejor de nosotros en nuestra siguiente actividad.

Para eso puedes darte un momento de silencio, cerrar los ojos, respirar profundamente y pensar en qué harás y las personas que te acompañarán en esa tarea, especialmente en el momento de crecimiento que quieres brindarles. Tal como en un buen discurso, el silencio enfatiza el pasado y crea una expectación sobre el futuro. Y qué mejor si, para despejarte, a lo anterior agregas caminar solo en un espacio. Te aseguro que vas a mantener la mente sana y eso colaborará con tu estado de ánimo.

La famosa regla de las tres R de la ecología, es una propuesta sobre hábitos de consumo (Reducir, Reutilizar, Reciclar) que permite manejar mejor los recursos y proteger al medio ambiente de una excesiva acumulación de desechos. Los mismos principios pueden ser aplicados con los recursos emocionales, como lo hizo Vincent van Gogh.

El libro “La ley del camión de basura”, publicado simplemente como «Reciclaje emocional» en español, de David J.Pollay, relata la historia de un taxista que le inspiró a escribir sobre esto. Pollay iba en un taxi y en un momento otro automóvil se le atravesó. Su conductor, en lugar de pedir disculpas o algo por el estilo, se baja enojado y comienza a insultar al taxista. Este reacciona saludando y deseándole un buen día. Esta actitud sorprende al autor, quien le cuestiona que, si ese individuo era el culpable cómo podía estar tan calmado. El taxista le explicó que muchas personas son como un camión de la basura: van por la vida llenos de “basura” (ira, frustración, tristeza), y mientras más acumulan, más necesitan descargarla. Si permitimos que lo hagan sobre nosotros, nos pueden arruinar el día, así que no hay que tomarlo personal y seguir adelante.

Vincent van Gogh hizo algo así con su arte. Y sobre todo lo podemos notar en las casi cien pinturas que realizó en un corto período de algo más de dos meses, durante su estadía en Auvers-sur-Oise, en 1890. Habiendo pasado varios años luchando con sus trastornos mentales y dolencias físicas, que lo llevaban a recluirse por propia voluntad en sanatorios, termina en este pueblito de alrededor de dos mil habitantes al nororiente de París. A él llega buscando la paz y sobre todo la ayuda de un médico muy conocido entre los pintores de la época: Paul Gachet. Pintor aficionado él mismo, había dedicado muchos años al estudio científico de las emociones, desde antes de que la psicología inicie aún como ciencia experimental.

Acompañado por Gachet comienza a dar una nueva dimensión a su arte como medio para aprovechar su universo emotivo en una obra que trascienda su propia vida. Atrás queda su infancia atormentada, los reformatorios y la rígida disciplina de la casa paterna. Atrás sus complejas relaciones amorosas, muchas veces no correspondidas. Atrás su fracaso como pastor de la Iglesia Reformada Neerlandesa por culpa de su excesivo celo religioso y carácter rebelde. Atrás también todos los rechazos por parte de la Academia y las amistades conflictivas con otros pintores. Ahora estaba en calma, pintando. Toda su ira, todo su dolor, se traducía en hermosos cuadros de colores brillantes, como el de La iglesia de Auvers-sur-Oise.

La hermosa pintura de van Gogh sobre la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

¿Cómo aplicar las 3R según estos modelos?

1. Reducir. Significa quedarse con lo básico. Muchas veces nos cargamos de emociones (normalmente negativas) ante cualquier cosa pequeña. Van Gogh dejó de sentirse juzgado por sus pares y comenzó a pintar apasionadamente, llevado por su sed de infinito. Por esto, si una emoción no nos sirve, no la guardemos, dejémosla pasar.

2. Reutilizar. Significa volver a usar lo que parece inservible. Es frecuente sentir que nuestras emociones son solo basura y las desechamos. Cuando Vincent asumió que no podía huir de su pasado, no quiso desentenderse. Buscó curarse, usando esas viejas emociones e impregnándolas en sus lienzos. Así, nuestras emociones no solo pueden convertirse en obras de arte, sino que podemos sacar lecciones de vida de ellas.

3. Reciclar. Significa hacer de un desecho algo nuevo. No es raro encontrarnos a nosotros mismos rumiando una antigua pena y no darle una respuesta adecuada. Vincent van Gogh tomó sus dramáticas historias y no las pintó, sino que las transformó en arte bellísimo y luminoso que hablaba de lo maravilloso de la naturaleza y el alma humana. Podemos encontrar darles una forma nueva a nuestras emociones, transformar la tristeza o frustración en algo que trascienda nuestra vida, en un proyecto que le dé sentido a todo esfuerzo.

Van Gogh supo reducir, reutilizar y reciclar sus emociones. Somos capaces también de tomar las nuestras y saber usarlas adecuadamente, sin que nos controlen. De evitar los camiones de la basura, sin ser nosotros mismos uno de ellos. Basta con decidirlo, aunque cueste mucho trabajo. Aunque nos tome la vida, como dijo Vincent en su última carta.

Reducir, reutilizar y reciclar emociones con amor, por amor. Hasta el infinito, y más allá.