Plan de victoria

 

Entonces en este cruento enfrentamiento bélico-emocional-mental contra el estrés, nuestro plan de victoria será el siguiente, después de haber estudiado muy bien al enemigo -sus capacidades, sus tácticas y sus movimientos previos- y después de haber determinado si los pensamientos que tengo de alerta ante la situación externa empiezan a convertirse en miedos infundados; podremos desplegar nuestra estrategia de defensa y contra ataque planteada en estas acciones:

 

– Determinar el campo de batalla a mi favor. Sun Tzu nos enseña a escoger el mejor lugar en el campo de batalla se dé la misma o no, esto nos ayudará a tener una ventaja de entrada. Entonces vamos a enfrentar a los estímulos externos desde una posición adelantada y de ventaja. Escribir en un diario de notas cuáles pueden ser todos los factores que me causen estrés, describirlos a profundidad y visualizarnos frente a esas problemáticas pero desde una posición de poder y plantear ¿qué debería tener yo, o dónde debería estar para superar esta problemática fácilmente? Una vez  que encontremos estas herramientas pasamos a la siguiente fase.

 

– Entender bien que la herramienta propagandística de guerra del estrés es la preocupación. Por ejemplo: «preocupación porque me van a asignar más trabajo en la oficina y ya estoy demasiado explotado». Y aquí es cuando entra el miedo: «y no puedo dejar esto porque ¿cómo voy a mantener a mi familia? ¿cómo van a vivir mis hijos?» La herramienta propagandística hizo efecto y causó mucho miedo. Sí, es una realidad que la persona de este ejemplo no puede simplemente abandonar su trabajo y que es terrible estar en una situación de explotación. Pero la clave es enfrentar esa preocupación desde la solución misma a lo que causa esa preocupación, enfrentar proponiendo soluciones para terminar con la explotación y que le reconozcan sus horas reglamentarias o, bancarse por un tiempo más el trabajo pero con el objetivo en mente de ahorrar al máximo posible para pronto poder renunciar, o poner todos los medios posibles para buscar y encontrar nuevas posibilidades mientras se la aguanta  en su posición laboral actual con esperanza en que va a estar mejor. Y acá pasamos a la tercera acción.

 

– No sobrevalorar ni subestimar al enemigo, pero principalmente no sobrevalorarlo para poder encontrar más fácilmente esas debilidades y  contra atacarlas. ¿Cuál es la debilidad de los miedos infundados? Precisamente que no son realidades concretas y son suposiciones en la mayoría de los casos. Entonces al no existir podemos atacarla desde ahí desde el imaginario. Tony Robbins nos enseña en su táctica de los 90 segundos para eliminar el estrés y la ansiedad a «cerrar los ojos por 90 segundos y visualizar este miedo concreto como una ola o niebla que está pasando frente a nosotros», no que viene hacia nosotros, sino como ver pasar la corriente de un río. Mientras está pasando es cuando me doy cuenta de que ese problema, ese miedo no estaba en mí, estaba afuera. Respiramos profundamente durante los 90 segundos y mientras esa niebla o bruma se va, vemos todo lo que conllevaba ese problema que se aleja metido en esa niebla o ahogado en esa ola. Hasta que desaparece, el cielo brilla y el sol cálido nos abraza en medio del paisaje que más nos guste. Esto del sol y del paisaje es una licencia que me he tomado con el ejercicio de Tony, pero que me ha funcionado de maravilla.

 

– Resiliencia y fortaleza. Finalmente cuando el enemigo está prácticamente derrotado sabemos que hay las siguientes opciones: fue totalmente aniquilado y nunca volverá; o lo vencí pero se fue en retirada y tal vez algún día volverá y para eso me prepararé; o lo capturé, está dominado y no lo soltaré nunca más porque si se escapa puede volverse contra mí; esto principalmente  se da en el caso de lidiar con miedos que nacen de problemáticas internas que hay que trabajar más a profundidad en terapia o espiritualmente, pero que en lo cotidiano son miedos que sabemos que no son reales y que más bien parten de fobias o perspectivas de la realidad muy personales.

 

Si aplicamos esta estrategia o buscamos otras herramientas en el vasto  océano de posibilidades de desarrollo personal que existen, podremos cuidar a quienes tanto amamos desde el bienestar y la estabilidad personal. Si uno se fortalece puede sostener a los demás, si estamos débiles no vamos a tener la fuerza de sostener a nadie y los problemas van a terminar por aplastar el hermoso milagro de la convivencia en familia. Porque se puede convivir amándose en base a la comprensión, al respeto mutuo, a la generosidad que es abandonar mis deseos en pro de compartir el deseo de los que amo y balancear todo en armonía. Pero como todo en la vida, esto también es una lucha, una batalla:

 

«La batalla por los que amamos».

 

Felipe Lizarzaburu

Director de comunicación y operaciones plataforma Lizarz

«Somos responsables y artífices de casi la totalidad de lo que nos sucede y no nos sucede. Pero más que nada de cómo reaccionamos a todo aquello».

 

 

Quiero arrebatarte tu familia, estoy vigilando

En estos días parecería que es más fácil cederle terreno y victoria a ese enemigo que se le hace tan fácil arrinconarnos y ponernos contra las cuerdas. Ese enemigo es un viejo conocido que se camufla muy bien detrás de las circunstancias que nos rodean y que entra en nuestra zona de seguridad valiéndose de sus mejores armas: la sensación de miedo infundado y la respuesta emocional negativa a esos miedos.

 

Este enemigo que podría ser un contrincante temible es el famoso estrés , generalísimo mariscal de las huestes de los preocupados, desesperanzados y abrumados hombres del vaso a la mitad para abajo ¡Cuidado, que este enemigo no se anda con rodeos! ha venido a quitarte todo, la paz, la estabilidad y a quienes más amas: tu familia.

 

Así que depende de nosotros librar una batalla «inteligente» en la que o ganamos y tiramos esa fama abajo como castillo de naipes o nos dejamos abrumar por «el miedo» -del cual ya vamos a hablar- y le damos vía libre al estrés a que nos convierta en uno más de sus esclavizados.

 

En las tácticas de guerra, muchas de ellas de Sun Tzu , nos dicen que para hacer frente al enemigo de forma efectiva debemos ganar antes de empezar, sin ni siquiera encontrarlo en el campo de batalla. Para esto, primero tenemos que empezar identificando cuándo está cerca, esto quiere decir en nuestro caso, ser conscientes de los pensamientos que causan que los músculos del cuerpo se tensionen, que el estómago se hunda en un vacío inexistente, que las manos empiecen a sudar, etc». Estas reacciones se dan por una sensación de miedo, y es importante identificar si ese miedo se da por un peligro real -para lo cual se activa el mecanismo de defensa de nuestro cerebro reptiliano-, es decir, reacción impulsada por los instintos para la conservación de la especie; o si se trata de un «miedo infundado», es decir, un peligro que en realidad no está ahí porque es creación de una mente extremadamente preocupada o que es una amenaza que no me afecta directamente a mí pero dejo que destruya mi mundo interior; como por ejemplo en tiempos de esta pandemia: ¡qué tristes se van a poner mis hijos si tengo que cambiarles de colegio en el caso de que me despidan del trabajo o en el caso de que pierda mi negocio si esto no se reactiva rápido!, o ¿qué pasará si congelan las cuentas de banco a los que no pagan en más de 30 días sus impuestos?,  ¿podré pagar mis impuestos?,  ¿pasará la ley en la asamblea?,  ¿por qué es así de malo el gobierno?,  ¿por qué llueve tanto? 

 

No podemos permitir que la primera táctica de guerra del estrés  «el miedo infundado» -que ya lo hemos identificado gracias a nuestra tarea de «inteligencia militar anti estrés» – tome control de la situación porque, una vez que está adentro va secuestrando nuestra capacidad de resiliencia, pensamiento positivo y poco a poco va logrando su misión: someternos a un estado de desesperación, angustia, ansiedad y poca capacidad de reflexión. Así empieza la segunda táctica de su plan que es empujarnos a tomar decisiones apresuradas, guiadas por los instintos y las emociones y no por la razón. Lo malo de eso es que esas decisiones afectan directamente a los que más nos aman -que por lo general, son los que tenemos al lado-, a los que siéndolo o sin serlo, consideramos nuestra familia. Una mala contestación, una palabra fuerte, una ironía, una acción de brusquedad y hasta expresiones corporales negativas pueden clavarse muy profundo en el corazón de los que amamos y podemos hacerles mucho daño sin intención o sin darnos cuenta. Y si eso sucede, es ahí cuando empezamos a perder ante el estrés «la batalla por los que más amamos».

– En la segunda parte el plan de batalla para la victoria – 

Felipe Lizarzaburu

Director de comunicación y operaciones plataforma Lizarz

«Somos responsables y artífices de casi la totalidad de lo que nos sucede y no nos sucede. Pero más que nada de cómo reaccionamos a todo aquello».