Una de las preguntas que nos trajo la pandemia es cómo manejar nuestro tiempo en el encierro. El desafío es mantener la mente sana frente el forzado cambio de rutina. ¿Cómo hacerlo si no podemos salir? ¿Cómo hacerlo si muchos de nosotros hemos perdido el contacto físico con familiares y amigos y con ello las conversaciones de apoyo? No solo que es posible hacerlo, sino que en nuestra mente (o quizá en nuestros pies) está una solución.

Recuerdo que hace unos meses cuando preguntaba a mis alumnos cómo les estaba yendo con la pandemia, hubo varios que me contaban que extrañaban hacer ejercicio porque era algo que les mantenía bien.

Estos últimos meses de pandemia he tenido que volver a tener conversaciones con mi yo interior para descubrir qué es esto del bienestar y en qué consiste. Me he preguntado muchas veces ¿Qué hacer para mantener la mente sana?

Me sirve bastante volver en el tiempo a esos momentos en que he logrado de una u otra forma equilibrar mi vida. Recuerdo cuando era estudiante en Minneapolis, ciudad donde el clima es inclemente en el invierno. Los que estaban a mi alrededor, tanto profesores, como compañeros locales, reiteraban que era importante que nos preocupemos por mantenernos bien física, mental y espiritualmente, porque el invierno puede causar estados de depresión.

Mi profesora de mediación repetía que la mente se relaja cuando uno camina y que caminar ayuda a encontrar la solución creativa para los problemas. También ayuda a mantener la mente sana. Ese año tuve la oportunidad de verificar los efectos positivos de caminar porque me veía forzado a caminar todos los días media hora a la universidad y media hora de regreso a casa. Ese tiempo de caminata no sólo me servía para armar en mi mente la estructura de mis tareas, sino que también lo utilizaba para la oración y para encontrar opciones y soluciones para varias situaciones familiares. Frecuentemente también me acompañaban en el camino las llamadas de mis amigos y familiares de Ecuador.

Desde que regresé a Ecuador y ahora que estamos en tiempos de pandemia, una de las cosas que más extraño son esos momentos de caminata, esos espacios de silencio en que me encuentro con mis fantasmas y mis superhéroes para fortalecerme en mis reflexiones, en mi oración y en mis amigos para cada una de mis luchas.

Caminar ayuda a que ese espacio en que te diriges a la universidad o el trabajo te reencuentres con tu mentalidad de estudio o trabajo y sanes lo que necesitas para entrar en ese espacio siendo tu mejor versión de estudiante o profesional. Asimismo, es una maravillosa práctica que en el camino de regreso a casa los pasos que das sirvan para dejar atrás tu versión de estudiante o profesional y regresar al hogar con tu mejor versión de padre, hijo, esposo, etc… No quiere decir que al dejar nuestra casa, lugar de trabajo o estudios, dejemos de ser profesionales, estudiantes, padres de familia, hijos o esposos, pero sí que a cada rol le demos la importancia que tiene en el momento que lo estamos ocupando. Lo mismo pasa en los espacios de amistad, de juego, de entretenimiento, de deporte, de atención a la salud, entre otros.

Este ejercicio mental también sirve para identificar lo que tenemos que sanar antes de participar en determinada actividad. Por eso no es recomendable que, si no podemos caminar, nuestro camino a la oficina o universidad a bordo de un vehículo se convierta en una lucha con otros conductores y que en general en cualquier tipo de transporte nuestras preocupaciones nos invadan a tal nivel que no tengamos ese espacio para separar nuestras actividades, respirar entre ellas y preocuparnos de ese sistema que habita en nuestro interior.

TIP PARA MANTENER LA MENTE SANA

Los expertos recomiendan que, en tiempos de pandemia, al vernos confinados en nuestros hogares, definamos los espacios que ocupamos dentro de ellos para trabajar, hacer deporte, estar con la familia, entre otros. Pese a que tenemos más tiempo para trabajar, debemos detenernos entre espacio y espacio para preparar nuestra mente para la actividad que realizaremos a continuación. Es recomendable que distingamos los momentos de estudio de los momentos de trabajo, los momentos en familia y los momentos para hacer ejercicio, y que entre momento y momento nos preparemos mentalmente para poder entregar lo mejor de nosotros en nuestra siguiente actividad.

Para eso puedes darte un momento de silencio, cerrar los ojos, respirar profundamente y pensar en qué harás y las personas que te acompañarán en esa tarea, especialmente en el momento de crecimiento que quieres brindarles. Tal como en un buen discurso, el silencio enfatiza el pasado y crea una expectación sobre el futuro. Y qué mejor si, para despejarte, a lo anterior agregas caminar solo en un espacio. Te aseguro que vas a mantener la mente sana y eso colaborará con tu estado de ánimo.

La semana anterior circulaba por internet un artículo publicado por Jeannie Suk Gersen, profesora de Derecho de la Universidad de Harvard, en que destacaba algunos aspectos positivos de la educación en línea a que nos vemos forzados los docentes. Entre varios aspectos, su valioso artículo enfatiza en que las clases online reducen la distancia con los estudiantes. El docente de derecho deja de estar parado detrás del podio frente a un auditorio y se convierte en una pantalla más en el aula virtual. Algunos han dejado de preocuparse por su apariencia y son más cercanos al estudiante porque le muestran una realidad más transparente, más cercana, más real. Coincido plenamente en que el profesor hoy tiene que ser más empático para romper las distancias de la tecnología.

Leer este artículo me hizo acuerdo de docentes que me dieron testimonio de cómo mejoran los resultados cuando se motiva al estudiante a apretar entre sus manos el barro para moldearlo. Tengo muy presentes a Wulf Kaal y Erick P.M. Vermeulen, quienes durante dos semanas me impartieron un curso sobre innovación disruptiva del derecho. Dos semanas en que aprendí mucho más que en un semestre entero y que me abrieron la mente sobre todos los cambios que promueven las nuevas tecnologías. Fue una clase impartida con absoluta transparencia y generosidad, instando la participación creativa de los estudiantes, que en el transcurso de esas dos semanas sacaban un proyecto empresarial y recibían comentarios enriquecedores para convertir los sueños en realidad. Trabajamos en conjunto para analizar de forma crítica las realidades y soñar empresas que se adapten a los cambios que impulsan las nuevas tecnologías en el ejercicio de la profesión. Para completar el combo, sus clases generaban relaciones muy fuertes entre docentes y estudiantes.

Recuerdo que cuando tomé esta clase en el año 2018 Wulf y Erick insistían en que los cambios para las profesiones vendrían sumamente rápido y que pronto la tecnología cambiaría la forma en que vivimos. Nos instaban a planificar nuestras vidas profesionales para que se adapten a esta nueva realidad. Nos repetían que estamos estudiando leyes pero que tenemos que pensar en que es probable que la profesión de abogado deje de existir como la conocemos. A pesar de su aptitud para adaptarse y predecir el futuro, no contaron con que vendría esta pandemia a acelerar los cambios aún más. No contaron con que hoy los docentes tendríamos que dejar las aulas para impartir clases en línea.

Los estudiantes pueden acceder a muchísima información en comparación con aquella a la que pudimos acceder las generaciones anteriores. No suena racional pararse a impartir tres horas de conocimientos en un horario determinado cuando los estudiantes pueden acceder a toda esa información y aprenderla en menor tiempo. Menos sentido tiene que hagamos lo mismo a través de cualquier plataforma. Los estudiantes necesitan interactuar con el docente de otra forma, aprender a investigar solos y usar las herramientas que les brinda la tecnología, convertirse en elementos proactivos de un mundo digital.

Las herramientas digitales nos permiten hacer la educación mucho más interesante. Hay que empezar a utilizar videos, podcasts, ampliar la experiencia del estudiante en clases a experiencias profesionales fuera de ellas. La experiencia en línea es mejor de lo que esperábamos. Ofrece libertad y flexibilidad. Ahorra el tiempo de transporte. En nuestro país todavía se tiene que trabajar en la conectividad a internet, pero hasta esto tiene soluciones como buscar alternativas que consuman poco ancho de banda. Tanto el docente como el estudiante tienen muy buenas herramientas online para impartir y asistir a clases.

Hay grandes oportunidades para la creatividad. Este semestre tuve un grupo de estudiantes que se atrevió a grabar un video creativo para presentar un tema jurídico a no abogados y los resultados fueron fabulosos.

Educar es actuar. Cuando das clases tienes que usar todas las herramientas que tienes a la mano. Pizarrón, sistemas de audio y video, entre otros. Esto hace que las clases sean entretenidas y fomenta la interacción. Solo en ese momento ocurre la magia.

La educación no puede luchar contra las circunstancias actuales, o ignorarlas. Es indispensable que las entendamos y nos adaptemos a ellas. En la era post-Covid-19 la clase se convertirá en una manifestación de este mundo. Después de todo, el mundo real es el mejor lugar para que los estudiantes y profesores se involucren, experimenten y aprendan. ¡Es momento de disrupción!