La famosa regla de las tres R de la ecología, es una propuesta sobre hábitos de consumo (Reducir, Reutilizar, Reciclar) que permite manejar mejor los recursos y proteger al medio ambiente de una excesiva acumulación de desechos. Los mismos principios pueden ser aplicados con los recursos emocionales, como lo hizo Vincent van Gogh.

El libro “La ley del camión de basura”, publicado simplemente como «Reciclaje emocional» en español, de David J.Pollay, relata la historia de un taxista que le inspiró a escribir sobre esto. Pollay iba en un taxi y en un momento otro automóvil se le atravesó. Su conductor, en lugar de pedir disculpas o algo por el estilo, se baja enojado y comienza a insultar al taxista. Este reacciona saludando y deseándole un buen día. Esta actitud sorprende al autor, quien le cuestiona que, si ese individuo era el culpable cómo podía estar tan calmado. El taxista le explicó que muchas personas son como un camión de la basura: van por la vida llenos de “basura” (ira, frustración, tristeza), y mientras más acumulan, más necesitan descargarla. Si permitimos que lo hagan sobre nosotros, nos pueden arruinar el día, así que no hay que tomarlo personal y seguir adelante.

Vincent van Gogh hizo algo así con su arte. Y sobre todo lo podemos notar en las casi cien pinturas que realizó en un corto período de algo más de dos meses, durante su estadía en Auvers-sur-Oise, en 1890. Habiendo pasado varios años luchando con sus trastornos mentales y dolencias físicas, que lo llevaban a recluirse por propia voluntad en sanatorios, termina en este pueblito de alrededor de dos mil habitantes al nororiente de París. A él llega buscando la paz y sobre todo la ayuda de un médico muy conocido entre los pintores de la época: Paul Gachet. Pintor aficionado él mismo, había dedicado muchos años al estudio científico de las emociones, desde antes de que la psicología inicie aún como ciencia experimental.

Acompañado por Gachet comienza a dar una nueva dimensión a su arte como medio para aprovechar su universo emotivo en una obra que trascienda su propia vida. Atrás queda su infancia atormentada, los reformatorios y la rígida disciplina de la casa paterna. Atrás sus complejas relaciones amorosas, muchas veces no correspondidas. Atrás su fracaso como pastor de la Iglesia Reformada Neerlandesa por culpa de su excesivo celo religioso y carácter rebelde. Atrás también todos los rechazos por parte de la Academia y las amistades conflictivas con otros pintores. Ahora estaba en calma, pintando. Toda su ira, todo su dolor, se traducía en hermosos cuadros de colores brillantes, como el de La iglesia de Auvers-sur-Oise.

La hermosa pintura de van Gogh sobre la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

¿Cómo aplicar las 3R según estos modelos?

1. Reducir. Significa quedarse con lo básico. Muchas veces nos cargamos de emociones (normalmente negativas) ante cualquier cosa pequeña. Van Gogh dejó de sentirse juzgado por sus pares y comenzó a pintar apasionadamente, llevado por su sed de infinito. Por esto, si una emoción no nos sirve, no la guardemos, dejémosla pasar.

2. Reutilizar. Significa volver a usar lo que parece inservible. Es frecuente sentir que nuestras emociones son solo basura y las desechamos. Cuando Vincent asumió que no podía huir de su pasado, no quiso desentenderse. Buscó curarse, usando esas viejas emociones e impregnándolas en sus lienzos. Así, nuestras emociones no solo pueden convertirse en obras de arte, sino que podemos sacar lecciones de vida de ellas.

3. Reciclar. Significa hacer de un desecho algo nuevo. No es raro encontrarnos a nosotros mismos rumiando una antigua pena y no darle una respuesta adecuada. Vincent van Gogh tomó sus dramáticas historias y no las pintó, sino que las transformó en arte bellísimo y luminoso que hablaba de lo maravilloso de la naturaleza y el alma humana. Podemos encontrar darles una forma nueva a nuestras emociones, transformar la tristeza o frustración en algo que trascienda nuestra vida, en un proyecto que le dé sentido a todo esfuerzo.

Van Gogh supo reducir, reutilizar y reciclar sus emociones. Somos capaces también de tomar las nuestras y saber usarlas adecuadamente, sin que nos controlen. De evitar los camiones de la basura, sin ser nosotros mismos uno de ellos. Basta con decidirlo, aunque cueste mucho trabajo. Aunque nos tome la vida, como dijo Vincent en su última carta.

Reducir, reutilizar y reciclar emociones con amor, por amor. Hasta el infinito, y más allá.

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